JFK en Arlington

Fotografía tomada en el cementerio de Arlington.

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Arlington JFK

MiniCards de Moo

He recibido las 10 MiniCards de Moo que Flickr te regala al contratar una cuenta Pro.

Acaban de llegar las MiniCards de Moo que Flickr regala a quienes contratan una cuenta Pro. Y estoy encantado. Me gusta la atención al detalle que prestan. El sobre en el que enviaron las MiniCards incluye el logotipo de la empresa y su eslogan en el anverso y el mismo logotipo en el reverso, junto al remite.

El sobre en el que llegaron las MiniCards de Moo

En el interior, junto a las MiniCards, hay una pegatina con la dirección de la empresa. Si no estás satisfecho con el pedido, la pegas en el sobre, marcas la o las razones de tu descontento y lo envías de vuelta para que te devuelvan el dinero o te reenvíen lo pedido.

Dirección de envio en caso de queja

Las 10 MiniCards se entregan en curioso paquetito pegado en una tarjeta.

Paquete pegado a tarjeta

Puedes despegarlo para llevar las tarjetas por ahí con comodidad y sin dañarlas.

Paquete y tarjeta

En la tarjeta, Flickr te da la bienvenida y Moo te invita a comprar más MiniCards si las que has recibido te gustan. Por ejemplo, 100 de éstas sólo cuestan 14,99 euros. Los gastos de envío no son excesivos porque Moo tiene sede en Londres. Eso también reduce el tiempo de entrega.

Bienvenido

Las MiniCards me resulta sumamente similares a Twitter. Algunas fotografías cuentan tantas historias distintas que es necesario cierto esfuerzo para seleccionar la más relevante (o la que más nos interesa en un momento dado) y utilizarla, igual que en Twitter debes resumir en 140 caracteres cada cosa que quieras decir.

Las MiniCards, una de regalo

Ya sabes: lo bueno, si breve…

Paquete mortal

Un adaptador de PS/2 a USB no es tan inofensivo como algunos creerían, que se lo pregunten a Elmo.

Ayer me llegó un paquete por correo. Los datos del remitente eran ilegibles. Me recomendaron que no lo abriese pero la curiosidad me pudo. ¿Por qué nunca hago caso a nadie, por qué?

Empecé a rasgar el precinto. En cuanto hubo una rendija lo suficientemente ancha algo salió del paquete, sin darme tiempo a reaccionar. Saltó al suelo y se alejó reptando. Nada más recuperarme del susto salí en pos de la criatura. Se iba perdiendo tras las esquinas de mi modesta mansión. Desde el ala norte, donde nos encontrábamos, llegó a la zona de invitados; allí había pasado la noche un amigo.

Cuando oí el grito supe que ya era demasiado tarde. Había caído el primero:
Paquete mortal