Las tres leyes de Lozano sobre las mudanzas

Primera ley de Lozano:
En una mudanza las cosas a empaquetar siempre superan a las cajas de cartón que has comprado. Por muchas que sean.

Segunda ley de Lozano:
En una mudanza el contenido de una habitación siempre supera a los metros cúbicos de esa habitación.

Tercera ley de Lozano:
En una mudanza, a igualdad de tamaño, el contenido de la habitación de origen no cabe en la habitación de destino.

Corolario: Incluso si la de destino es más grande que la de origen.

Anuncios

El color de XML

Hay quien se pregunta “¿A qué huelen las nubes?”. A mí me gustaría saber de qué color es XML.

Primero he mirado en los iconos que se suelen utilizar para representar este tipo de documentos y no he encontrado ninguna respuesta contundente. Para algunos es verde, para otros naranja, otros creen que es rojo.

Y como este camino, las búsquedas en Google, no me llevaba a ninguna parte, he tratado de ser un poco más creativo.

Seguro que ya sabrás que una de las formas de representar un color en un sistema informático consiste en descomponerlo en tres valores, uno para el rojo (red), otro para el verde (green) y un tercero para el azul (blue). En esta representación, que se conoce como RGB (de Red, Green, and Blue), cada componente puede tomar valores entre 0 (negro) y 255 (blanco).

Por otra parte, los caracteres se pueden representar utilizando el código ASCII que, casualmente, va del 0 al 255. Así, la X toma el valor 88, la M el 77 y la L el 76.

El color del XML podría ser el que se forme al combinar el valor 88 como rojo, el 77 como verde y el 76 como azul. Y el resultado es…

…bastante anodino. Está muy cerca del gris porque los tres valores (88, 77 y 76) están próximos. No me convence, pero creo que éste es el camino. Mientras no separe estos valores entre sí, cualquier alteración que haga va a dar un gris, más o menos claro. Así que voy a intentar distribuirlos entre el 0 y el 255 para que no estén tan próximos y el color resultante no sea tan monótono.

Volvamos a la tabla ASCII. De entre todos los caracteres representables vamos a centrarnos en las letras mayúsculas, que van del 65 (la A) al 90 (la Z). Quiero que la A se corresponda con el negro (0) y la Z con el blanco (255). Con estas premisas, se tiene que dar que:

  • Para la A: (65 - 65) * x = 0
  • Para la Z: (90 - 65) * x = 255

Por lo tanto:

x = 255 / (90 - 65) = 255 / 25 = 10,2

Así que:

  • X: (88 - 65) * 10,2 = 234,6
  • M: (77 - 65) * 10,2 = 122,4
  • L: (76 - 65) * 10,2 = 112,2

Aproximando a los valores enteros, el color resultante sería:

No es que sea mi favorito, pero la conclusión a la que llego es que el color del XML es el #EB7A70. Y por eso es el color de fondo de la portada de mi nuevo libro, que puedes encontrar en iBookstore y en Amazon:

iOS se estanca

A estas alturas, el año pasado iOS 7 ya estaba en casi el 70% de los dispositivos en los que podía instalarse. Sin embargo, ahora sólo está en el 47%:

A 5 de octubre de 2014.

Entre las posibles razones para que esto sea así se están destacando dos:

  • La pérdida de confianza de los usuarios provocada por los fallos en iOS.
  • El espacio necesario para poder instalar iOS 8 desde iOS 7 (5 GB).

Diría que la segunda razón es la que más peso está teniendo.

Pero existe una tercera razón, no es tan importante como estas dos aunque añade su granito de arena a los porcentajes: el iPhone 4 se ha quedado fuera de esta actualización. Se vendieron muchos más iPhone 4 que 3GS, motivo por la que la influencia de aquellos que se quedaron fuera de iOS 7 fue menor que la de aquellos que han quedado ahora fuera de iOS 8.

Como desarrollador para iOS se trata de algo que me preocupa, quisiera que todos estuviesen usando iOS 8 lo antes posible. Cuanto más repartida esté la población de usuarios de iOS entre las diferentes versiones, más me costará hacer un buen trabajo, tener a todo el mundo contento.

Así que me pregunto si esta tendencia se hará más pronunciada en la siguiente iteración hardware/software. Espero que no, o Apple recupera la confianza perdida y encuentra una manera de actualizar iOS que requiera menos espacio, o la brecha se hará cada vez más grande.

Porque estoy seguro de que no va a regalar un iPhone nuevo a quien no pueda instalar iOS 9.

Todo se transforma

No es la primera vez que hay cambios en este espacio desde el que escribo. De vez en cuando toco algo menor (el tema, algún plugin) de lo que no creo que haga falta avisar, pero esta vez la cosa ha sido un poco distinta:

He deshabilitado los comentarios.

Keep Calm and Carry On

Los chamizos voladores pasaban mientras los grillos sonaban.

Exacto.

Precisamente ésa es una de las principales razones: este blog tiene tan poco tráfico que quiero simplificarlo al máximo. Tener abierto un sistema de comentarios cuando hay sólo uno al mes es un derroche de recursos. Y cuando hablo de un comentario al mes me refiero a uno legítimo, porque no soy inmune a la cantidad de spam que nos inunda a todos, tengamos muchos o pocos lectores.

Si has escrito algún comentario en este blog a lo largo de los años que lleva abierto verás que ya no aparece. No he borrado ninguno porque los considero muy valiosos, todos ellos. Qué narices, a algunos os he conocido gracias a ellos. Así que los tengo a buen recaudo. ((Si eres un poco enrea, podrás verlos examinando el código fuente de las páginas.)) Los he ocultado porque no estaba claro cómo ponerse en contacto conmigo y muchos los estabais aprovechando como una especie de sistema de mensajería, así que había páginas con una ristra de comentarios que, en realidad, no aportaban nada a la página, no eran una conversación surgida a raíz de la misma. De hecho, llevo varios meses contestando a los comentarios por correo electrónico, sin publicarlos.

Mucho se ha escrito sobre la necesidad de ofrecer o no la posibilidad de comentar en blogs. Creo que el primer lugar donde leí sobre esa discusión fue en la entrada “Comments Off”, de Matt Gemmell. La verdad es que, en mi caso, no he seguido un proceso de razonamiento tan completo. Sencillamente, he visto que podía ahorrarme trabajo cerrando los comentarios sin por ello dejar de estar en contacto con aquellos que quiera comunicarse conmigo. Por ello he actualizado la página “Sobre mí”, incluyendo mi dirección de correo electrónico y mi cuenta de Twitter.

En resumen, un cambio para poder continuar.

Propósitos de año viejo

Deseos

No es algo que vaya conmigo, creo que cualquier día es igual de válido para establecer una lista de objetivos que cumplir, ¿por qué aguantar hasta el comienzo de un nuevo año? Porque es más cómodo esperar
a una fecha en concreto para dejar de hacer algo: así nos da tiempo a seguir haciéndolo un poquito más. Y seguro que algo tiene que ver que seamos tantos los que decidimos a la vez tratar de cambiar.

Pues se me ha ocurrido algo aún más conveniente: esperar a que termine el año para comentar qué buenos propósitos me puse como meta al comenzar el año que ahora termina. Así, en caso de que no logremos cumplir lo pactado, si hemos sido suficientemente discretos nos ahorraremos la vergüenza que se suele pasar en estos casos. Un poco como la que se siente al apuntarse a un gimnasio y hacer poco más que eso: apuntarse.

En mi caso, estos son los propósitos que me planteé cuando empezó el año 2013 que acaba de irse:

  • Volver a ser padre: ¡Y vaya si lo conseguí! Con un poco de ayuda, eso sí. Bueno, en este caso la cosa tiene un poco de truco porque ya sabía que a principios de año llegaría el nuevo miembro de la familia. Pero yo me lo había propuesto. Y ocurrió. Así que propósito conseguido.
  • Terminar mis estudios universitarios: Con algo de retraso sobre la fecha prevista, ya soy Ingeniero Informático. Conseguido. Así que ahora no me va a hacer ninguna gracia ver a alguien sin titulación ejercer de informático. El intrusismo está muy feo.
  • Perder peso: Éste es el logro del año. He perdido 23 kilos de momento. Claro que es fácil cuando el punto de partida era un tonelaje alto, comías fatal y estabas sentado todo el día. Aún sigo por encima de lo que debería ser mi peso ideal, pero da la impresión de que no voy a recuperarlos. Hasta salgo a correr aunque me aburra mortalmente.
  • Leer “Infinite Jest”: Bueno, la decepción del año. A pesar de tener todo lo necesario para cumplir (la intención, las ganas y el tocho) no he pasado del primer capítulo.

Aún no tengo pensado qué me voy a proponer para este nuevo año. Me gustaría que fuese un año un poco más tranquilo que el anterior pero algo me dice que no va a ser así. En cualquier caso, lo primero que me he propuesto ha sido volver a repasar los propósitos del año pasado cuando empiece el siguiente.

Dedicado a Tad Williams

Homenaje a “Otherland”, de Tad Williams, a través de las dedicatorias de mis últimos cuatro libros, publicados por Anaya Multimedia.

Me gusta escribir. Libros. Libros de informática. Y que los publiquen, eso también me gusta. Y me gusta enrear. Eso he hecho con los últimos cuatro libros que Anaya Multimedia me ha publicado, enrear un poco, lo que me ha permitido rendir homenaje a Tad Williams, el autor de la serie Otherland, a través de las dedicatorias. Porque también me gusta leer. Libros.

Otherland, City of Golden Shadow, dedicatoria
City of Golden Shadow
Manual Imprescindible Visual Basic 2008, dedicatoria
Manual Imprescindible Visual Basic 2008
Otherland, River of Blue Fire, dedicatoria
River of Blue Fire
Guía Práctica MySQL 5.1, dedicatoria
Guía Práctica MySQL 5.1
Otherland, Mountain of Black Glass, dedicatoria
Mountain of Black Glass
Guía Práctica Desarrollo Web con PHP 6 y MySQL 5.1, dedicatoria
Guía Práctica Desarrollo Web con PHP 6 y MySQL 5.1
Otherland, Sea of Silver Light, dedicatoria
Sea of Silver Light
Guía Práctica Google. Edición 2010, dedicatoria
Guía Práctica Google. Edición 2010

Diálogos para besugos

Me ha costado un poco renovar mi suscripción a la Sincroguía de InOut TV.

– Buenos días.
– Buenas tardes.

Así empezaban los famosos Diálogos para besugos. De vez en cuando me acuerdo de ellos, no sé por qué razón. La última vez fue cuando expiró mi suscripción a la Sincroguía de InOut TV. Me avisó mi vídeo:
Sincroguía InOut TVVisité esa página:
Pero ¿qué equipo tengo?Ni la más remota idea de cuál de las tres opciones escoger, reconozco que soy bastante torpe (y lo pongo en negrita para que se vea que empiezo reconociéndolo). Tengo un 740, pero le puse el firmware del 750. ¿Hace eso que sea un 750 original? No lo tenía claro, así que me puse en contacto con ellos:

Muy buenas.

Hoy he podido ver en mi sintonizador que la suscripción a la sincroguía no ha sido renovada. Pueden verlo aquí:

http://www.flickr.com/photos/enreas/3692970371/

He visitado esta página:

http://www.inout.tv/servicios/

para realizar la actualización. Me da tres opciones:

1. M740AV.
2. M740AV con suscripción.
3. M750T EPG original.

En el frontal de mi decodificador aparece M740AV, pero tiene el software del M750T EPG, lo actualicé cuando contraté la sincroguía por primera vez. Al reiniciar el decodificador se puede leer M750T EPG.

Mi pregunta es: ¿cuál de las tres opciones debo seleccionar?

Pueden ponerse en contacto conmigo a través de la dirección de correo electrónico besugo@example.com o del número de teléfono 555 55 55 55.

Gracias de antemano. Un cordial saludo,


Juan Diego

Algo no debí dejar claro en mi mensaje, esto fue lo que contestaron:

Estimado Sr. Gallardo,

Le informamos que para poder actualizar su SincroGuía TV, tendría que entrar en nuestra página web en, https://www.inout.tv/servicios/index.php?do=740a750 con el mismo mail que actualizó por primera vez su equipo junto con la MAC de su equipo.

Estamos a la espera de su repuesta.

Esperamos que siga disfrutando de nuestros servicios al igual que de la SincroGuía TV.

Un saludo,

El equipo de InOut TV

http://www.inout.tv

Nunca antes me habían llamado Sr. Gallardo. En fin, si al menos hubiesen visto la foto que le hice a la tele, pero ni eso. Visité la página que me indicaban y ví exactamente las mismas tres opciones que tanto me desconcertaban. Así que les volví a preguntar:

Es justo la página a la que hacía referencia. Lo que no sé es cuál de
los tres enlaces utilizar. ¿Podrían aclarármelo, por favor?

Su respuesta fue francamente:

Estimado Sr. Gallardo,

El enlace indicado en nuestra anterior respuesta es el indicado para usted para poder llevar a cabo la renovación de nuestros servicios.

Le sugerimos que copie el enlace en su navegador de Internet o bien que pulse en el mismo enlace que le proporcionamos vía e-mail.

Esperando sus comentarios.

Un Saludo,

El Equipo InOut TV

http://www.inout.tv

Me quedé bloqueado, no sabía si volver a preguntar o no. Así que, como dicen que lo mejor es el término medio, hice clic en el enlace del centro y, mira tú por donde, acerté.

Por cierto, ¿qué significa que escriba en este blog de nuevo tras varios meses sólo para quejarme?

“Al día en una hora: dibujos de fin de semana”, por Rafael Fatuarte

Tengo el enorme placer de presentaros una de esas historias poco conocidas que, sin embargo, tan interesantes me parecen. Para que un libro de informática pueda llegar a nuestras manos antes ha de pasar por muchas otras como las de revisores, maquetadores… o ilustradores. Os dejo con Rafael Fatuarte, uno de los dos ilustradores de la colección Al día en una hora publicada por Anaya.

Tengo el enorme placer de presentaros una de esas historias poco conocidas que, sin embargo, tan interesantes me parecen. Para que un libro de informática pueda llegar a nuestras manos antes ha de pasar por muchas otras como las de revisores, maquetadores… o ilustradores. Os dejo con Rafael Fatuarte, uno de los dos ilustradores de la colección Al día en una hora publicada por Anaya Multimedia.

Visual Basic 4

Creo que fue a finales del verano del 94 cuando Joaquín nos propuso a Ramón  Garrido y a mi  realizar esos dibujos. Ramón Garrido y yo somos amigos. En aquella época teníamos una sociedad a través de la cual hacíamos diseños e ilustraciones por encargo. Bueno, también hacíamos más cosas. Pero esa es otra parte oscura de la historia, no viene a cuento ahora. Así que vayamos al grano.

Una mañana de sábado, Ramón, Joaquín y yo nos reunimos en un bar. Bueno, ya sabéis que para esto de los negocios, hay pocos sitios mejores. También nos podíamos haber  reunido en el estudio de Joaquín, pero allí sólo cabían dos personas (y nosotros éramos tres). O en la biblioteca, pero allí  no se puede hablar. Así que, casi sin otra elección,  fuimos a un bar. Pedimos unas cañas y Joaquín comenzó a contarnos de qué iba aquello

En principio, lo que Joaquín Suárez nos acababa de proponer, nos pareció que era un trabajo de ilustración como tantos otros. Pero eso sólo nos lo pareció al principio…

El encargo nos lo hizo, más o menos, en los términos siguientes:

  • Se trata de ilustrar una colección de libritos de informática que editará Anaya con el título de “Al día en una hora”, y a un precio muy reducido. La idea es hacer algo fácil de manejar, ameno y de lectura entretenida y breve, que realmente nos resuelva dudas sobre los temas tratados.
  • Tendrán una encuadernación como la de los libros de bolsillo, y un formato parecido, pero algo más estrecho, para que quepan en el bolsillo trasero de unos vaqueros.
  • El papel sólo permite imprimir en B/N. Cada librito se dedicará a un tema informático, y además, el autor elegirá otro tema en el que se “envolverá” la parte técnica, para darle personalidad.
  • Vuestro trabajo consistirá en realizar cuatro dibujos para cada libro: un dibujo capitular, que encabezará todos los capítulos, y luego tres dibujos que serán los iconos general, truco y experto, que servirán para hacer las llamadas pertinentes en el texto. La “gracia” estará en que vuestros dibujos relacionarán de alguna manera el “tema del libro” con el “tema del autor”. Bueno y también deberéis diseñar la portada y contraportada que llevarán todos los libros de esta colección.
  • Los dibujos serán el B/N y el tamaño al que se reproducirán los dibujos que representan los iconos será de unos 2x2cm. La técnica que utilicéis (imágenes vectoriales, mapas de bits, renderizados con ordenador, etc) es cosa vuestra.

General

Después de aquello, y aprovechando que Joaquín fue al baño, Ramón y yo comentamos que aquello era una locura, y nos tendrían que pagar mucho dinero para que aceptásemos aquel trabajo. No era fácil la cosa. A priori, lo que más nos mosqueaba era lo de “relacionar de alguna manera” los dos temas esos. Luego estuvimos discutiendo sobre las posibles técnicas a usar, sobre el tamaño de los originales, sobre la calidad final que le daríamos a los trabajos…

Cuando más enfrascados estábamos en nuestras elucubraciones, Joaquín volvió del servicio, y añadió: “El ritmo de trabajo dependerá de varios factores, pero calculo que tendréis entre  dos y cuatro días para acabar los cuatro dibujos de cada libro”.

En ese momento, y teniendo en cuenta los plazos de trabajo que Joaquín nos daba, Ramón y yo nos miramos y de un plumazo se disiparon todas nuestras dudas. Casi sin hablar decidimos que haríamos los dibujos a  mano, con tinta china, y de forma que nos cupiesen en una cuartilla.

Una vez determinado esto, ya sólo nos quedaba pactar el dinero por ese trabajo. Pero cuando Joaquín se hizo el remolón y dejó que pagáramos nosotros las cañas, tuvimos claro que tendríamos que revisar a la baja nuestras expectativas monetarias. Y para colmo, se comió el último cacho de tortilla…

Así que, al final, y después de darle muchas vueltas al asunto, ya sólo nos preocupaba lo de “relacionar de alguna manera” los dos temas esos. Pero en el fondo –muy, muy en el fondo- el trabajo nos agradaba. Principalmente por lo de hacerlo a mano. Porque habíamos, como aquel que dice, vuelto a nuestros orígenes.

Al acabar aquella reunión y antes de despedirnos, Joaquín, aún con la boca llena con el pincho de tortilla, nos propuso un ejemplo ficticio de “Tema del libro” y de “Tema del autor” para que le hiciésemos algunos dibujos de prueba. Durante el siguiente fin de semana, Ramón y yo estuvimos trabajando para realizar los primeros dibujos y someterlos a examen. Ese fue nuestro primer error; trabajar en fin de semana. Pero no fue el último. De hecho, ese mismo error  lo volvimos a cometer a la hora de realizar los 46 libros de la colección. Por eso, nosotros a este trabajo le llamamos el de los Fines de Semana.

Experto

Ajustando

Afortunadamente, a todos les gustaron muchos nuestros dibujos de prueba. Les sorprendió que los hiciésemos a mano y con tinta china, en lugar de usar sofisticados programas de renderizado en 3D, y otras técnicas de ordenador, tal y como habíamos hecho hasta entonces. Pero nosotros teníamos nuestros motivos. El principal era el tiempo. Se necesitaba mucho tiempo para hacerlos. No para llevarlos al papel, que aunque esto también tenía su dedicación, no era lo que más nos preocupaba. Lo peor era concretar en un dibujo sin apenas detalle, eso que Joaquín había definido como la forma de “relacionar de alguna manera el tema del libro con el tema del autor”.

No penséis que exagero. Aquí van algunas muestras: ¿Cómo relacionar el tema de autor “El oeste”  con el tema del libro “Los Mac”? O “Las obras de Enrique Jardiel Poncela” con “Sistemas operativos”. O “Las olimpiadas” con “Excel”. O “La vela” con “Paradox 5.0”. O “Star Trek” con “Visual Basic”… Como veis, algunos autores disfrutaban dificultando las cosas. Yo creo que por eso, Joaquín no nos decía quienes eran hasta que habíamos acabado los dibujos.

Pero así eran las cosas y precisamente en esa concreción de ideas es dónde teníamos que emplear nuestro tiempo. Por eso, nuestra cabeza siempre iba pensando en esos temas. Y aprovechábamos cualquier momento y cualquier soporte para apuntar nuestras ideas. Y luego hacíamos los dibujos durante el fin de semana. Aún conservamos curiosos bocetos hechos en servilletas, entradas de cine, papel higiénico, recortes de periódicos, lomos de libros… en fin, lo normal en estos casos.

En nuestra primera reunión seria de trabajo, y en vista de la  que se nos venía encima, Ramón y yo decidimos organizarnos. No he dicho que lo consiguiésemos, pero la verdad es que lo intentamos aquella tarde. Como consecuencia de nuestros esfuerzos aunados, unos días después hicimos lo que, en ciertos entornos hoy en día se conoce como NAME (Nuestra Aportación al Mundo de la Estandarización), que consistió en crear unas plantillas para que todos los dibujos tuviesen el mismo tamaño, elegir un tipo de papel adecuado, y establecer el tipo, la marca y  grosor de los rotuladores permanentes de color negro que usaríamos. Impresionante, ¿no?

Satisfechos por los resultados conseguidos, decidimos tomarnos el día libre y aquella tarde nos fuimos al cine. Bueno, esa tarde y otras muchas… salvo la de los fines de semana, que esas las teníamos que dedicar a dibujar.

Capitular

Dibujando

No es broma. Durante mucho tiempo, así es como nos pasábamos los fines de semana: dibujando.

Pero durante la semana, también había que darle al coco. Y para ayudarnos en la ardua tarea, nos llamábamos por teléfono, angustiados, mirando de reojo las hojas del calendario que pasaban aun ritmo frenético:

– Oye Ramón, soy Rafa. Que a ver qué se te ocurre para el icono experto de “El golf” y “Word Perfect”. Es que estoy atascado. No sé si voy a llegar…
– Vale, pensaré en ello. Y a ver que se te ocurre a ti para el icono truco de “Refranes de animales” y  “Open Access”. Por cierto: tenemos que llegar, así que no hay excusas.

Así eran nuestras conversaciones en aquellos días: frustrantes. Nuestras respectivas parejas estaban asustadas ante la actitud contemplativa que manteníamos la mayor parte del día. Cuando paseábamos íbamos absortos, pensando. Cuando comíamos, permanecíamos en silencio, pensado. Ya no hablábamos sobre aquel nuevo sitio para ir a coger espárragos o sobre el último cómic de Moebius. Y por fin, llegaba el viernes y entonces se disparaba nuestra actividad frenética. Nos pasábamos los fines de semana con el lápiz y el rotulador en la mano. Dibujando sin parar.

En algunas ocasiones, la cosa se complicaba tanto, que no éramos capaces de realizar un dibujo concreto a nuestro gusto. Entonces hacíamos varios sobre el mismo asunto y Joaquín decidía. En otras ocasiones, le pedíamos a Joaquín que nos diese el nombre del autor del libro, para hablar con él y robarle alguna idea. En esos casos, aprovechábamos y le mandábamos un recuerdo para su familia…

En cualquier caso, tengo que reconocer que era agradable sentir aquel alivio cada vez que entregábamos una tanda de dibujos.

Truco

Final

Y así iban pasando los fines de semana, hasta que un buen día, acabamos de ilustrar todos los libros. La colección había llegado a su fin, y también nuestro trabajo.

Casi dos años después de aquella primera vez, nos volvimos a reunir con Joaquín. Fuimos al mismo bar. Joaquín ya tenía un estudio mucho mayor, con capacidad para diez o doce personas. Y en la biblioteca ya eran más permisivos con lo de hablar. Pero qué se le va a hacer, nos gustaba más el bar…

Cerramos nuestras cuentas y nos dimos un apretón de manos, hasta que llegase el próximo trabajo en común. Esta vez, Ramón y yo estuvimos listos, y conseguimos que Joaquín pagase  las cañas. Sin embargo, no sé cómo demonios se las apañó, pero de nuevo consiguió comerse el último trozo de tortilla.

Hasta hace unos días, todo esto que acabo de escribir, pertenecía sólo al ámbito de trabajo del grupo de neuronas que Ramón y yo tenemos dedicadas a rememorar esa época. Pero a través de un mensaje por el correo electrónico, Juan Diego –Andy-, nos pidió permiso para publicar en su blog los dibujillos que en su momento hicimos para el libro que escribió para esa colección titulado “Visual Basic”, y con el tema de autor de “Star Trek”. Como es un amiguete de los de la vieja escuela (de esos que están ahí cuando los llamas) y además es un buen tipo, le ofrecí buscarle los originales y enviárselos, para que los viese a su tamaño original. Aunque ahora que ya es papá, tiene otras cosas más importantes a las que dedicarse, pensé que podría gustarle.

Así que buscando en nuestro archivo (el que tenemos Ramón y yo con todos nuestros trabajos en común), concretamente en la carpeta de la “F” (ya sabéis, por lo de los Fines de semana), descubrimos que todos los dibujos de ese libro los hizo Ramón Garrido. Así que le llamé para consultarle todo esto, y de paso hablar sobre otros proyectos que tenemos ahora entre manos. Recordaba con agrado, igual que yo, aquellos dibujillos que tanta dedicación nos costaron. Y accedió encantado a que le enviase esto a Andy. Ramón no llegó a concretarme si tuvo o no muchos problemas para dar con la forma de “relacionar de alguna manera” los dos temas esos… pero a la vista está que hizo un buen trabajo.

Ramón ahora anda muy ocupado ilustrando cuentos. Cuentos que, en ocasiones, él mismo escribe. Así que decimos que fuese yo quien escribiese estas líneas.

Afortunadamente, he tenido la suerte de colaborar con Andy en otros trabajos. Y de todos ellos me queda el mismo buen sabor de boca. Así que supongo que nos volveremos a encontrar.

¡Suerte, Andy!
Rafael Fatuarte.

PD. Espero, por mi bien, que Joaquín siga teniendo aquel buen sentido del humor…

Historia de aquí: Al día en una hora Visual Basic 4

Cómo llegué a escribir mi primer libro.

En 1996 pasaron muchas cosas. La más importante para mí fue la publicación de mi primer libro.

Visual Basic 4

Era más bien un librito, de 128 ((Los libros de esta colección tenían todos ese número de páginas. Como informático, siempre me ha parecido algo curioso.)) páginas. No era el primero que escribía, tuve la mala suerte de entregar mi Al día en una hora sobre Visual Basic 3 justo cuando Microsoft lanzó Visual Basic 4. La nueva versión incluía tantos cambios que, sin la ayuda de cierto maurciano, hubiese sido complicado, si no imposible, entregarlo a tiempo.

La serie Al día en una hora, publicada por Anaya Multimedia e ideada por Grupo ROS ((Julián Casas y Joaquín Suárez a la cabeza, José María Delgado con ellos.)), era de lo más interesante. Fieles a su eslogan, te enseñaban “lo mínimo que debes saber para estar al día”. Costaban 495 pesetas (unos 3 euros) y cabían en un bolsillo.

Cada libro de la colección seguía un “tema” distinto que el autor podía escoger. Estaba claro por dónde tenía que salir yo, algo de ciencia ficción. En un derroche de imaginación me decidí por Star Trek. En breve os contaré más sobre las consecuencias de esta decisión. Mejor aún, dejaré que sea otro quien os lo cuente.

¿Cómo empezó alguien como yo a escribir para Anaya? Simple: por casualidad. Y porque soy un enrea. El primer año de universidad fue decepcionante, me imaginaba que sería algo parecido a lo que Cervantes describía en El licenciado Vidriera. Aunque, ahora que lo pienso, no recuerdo qué idea de la universidad tenía, sólo recuerdo haber hecho cientos de veces esta comparación. El caso es que, además de estudiando, me pasé el primer año intentando averiguar qué se escondía tras cada puerta del campus.

3D Studio 4

Una tarde, paseando por uno de los pabellones para despejarme de tantas horas en la biblioteca, escuché algo muy extraño, fuera de lugar: ¡alguien estaba tocando el piano! Era en uno de los despachos que no conocía. Me acerqué a la puerta sin saber que lo que iba a encontrar cambiaría mi vida para siempre. Si no recuerdo mal (que seguramente sí) allí se encontraba un señor cano tocando un teclado, otro con gafas jugando en un ordenador y otro alto mirándoles. El del pelo blanco me invitó a pasar y allí me hubiese quedado toda la tarde si no fuese porque tenía clase. Acaba de conocer a George ((Creo que esto ocurrió allá por 1992. Desde entonces somos amigos, posiblemente porque nunca ha sido profesor mío.)).

El despacho de George era el lugar más atípico de toda la politécnica. La puerta estaba siempre abierta para cualquiera que quisiese asomarse. En el laboratorio éramos bienvenidos los más enreas del lugar. Se trata de una época que recuerdo con especial cariño. Cuando casi nadie sabía qué era Internet allí estábamos nosotros, con Gopher, Mosaic, utilizando unos ordenadores muy raros llamados Macintosh, montando Linux en un ordenador que podría llamarse Frankenstein ((Su monstruo, en realidad.))pero que se llamaba MZ ((¿Por qué? Puede que por Mazinger Z, o quizá porque los dos primeros caracteres de los ejecutables EXE de Windows eran, precisamente, esos.)). Para alguien como yo, que había pasado toda su vida en un pueblo de poco más de cinco mil habitantes, aquello era lo más cercano al paraíso que podía imaginarse. Era lo que yo pensaba que sería la universidad.

Así que, cuando la gente de Grupo ROS le preguntó a George si conocía a alguien capaz de escribir estos pequeños libros, él dijo que sí. Preguntó a su grupo de acólitos quiénes estarían dispuestos para la misión, dimos un paso al frente, nos repartimos los temas disponibles y quedamos en vernos una semana después para la entrevista.

Correo electrónico

En una de las prácticas de primero de carrera, en lugar de crear mi propio sistemas de menús aproveché para aprender a utilizar las Turbo Vision ((Llamábamos a estas bibliotecas las turbovision. Alberto San Millán, compañero de fatigas, me prestó los manuales. Creo que fue la primera persona que conocí que pagaba por el software.)). Hubiese tardado menos en programar lo que necesitaba, claro, pero aprender cómo funcionaba todo aquello fue una suerte porque el siguiente paso lógico era que te picase la curiosidad por Visual Basic. El tema que me tocó para la entrevista fue ese, claro.

No era ningún experto pero había jugado bastante con la versión 3 de Visual Basic, de manera que aproveché esa semana para empaparme a fondo, estudiar lo que no aún no había tocado del entorno de desarrollo y preparar un índice de contenidos con lo que yo creía que debía contener un libro de esas características. Tras siete días me encontraba preparado, seguro de mí mismo, capaz de responder a cualquier pregunta, de comerme el mundo.

Cuando llegamos al lugar de la entrevista estaba, no hay mejor manera de expresarlo, cagado. De pequeño, si me preguntaban qué quería ser de mayor, empecé respondiendo que “cocinero, para poder hacer la comida si mis padres se divorcian”. Tan joven y ya preocupado por comer. Con los años, el amor a la lectura me hizo soñar con ser escritor. Si la entrevista salía bien podría ser algo parecido, de ahí los nervios.

Lo cierto es que no sé muy bien si fue bien, mal, o si sólo necesitaban desesperadamente a alguien capaz de hacer el trabajo, me gustaría poder ver qué ocurrió en realidad. En cualquier caso, aquella entrevista me brindó la posibilidad de escribir. El resultado, el pequeño libro de 128 páginas que os presenté antes. Con él empezó todo.

Y esto os lo cuento, nietecitos, que parezco el abuelo Cebolleta con una de sus batallitas, porque un amigo mío, Rafa Fatuarte, me envió hace ya algunos meses otra parte de esta misma historia, mucho más interesante, y me pareció necesario ponerla en el contexto que viví antes de compartirla con todos vosotros.

Permanezcan a la escucha.

Actualización: a esto me refería.